4 de noviembre de 2012

42. I can't imagine.


Hamburgo; Invierno, Marzo 1967.

Miré hacía la ventana cuando me di cuenta que un coche acababa de aparcar enfrente de casa de Astrid. Miré el reloj y me extrañé que ella volviese tan pronto debido que tenía una exposición y se acababa de marchar hace menos de dos horas.
Pero sin darle importancia seguí recogiendo la cocina y meditando todo lo sucedido.

London; Invierno, Diciembre 1965.

A las nueve todos nos encontrábamos sentados alrededor de la rectangular mesa del salón. Una comida más en Navidad, habían cambiado tanto las cosas desde hace un año.
Incluso se habían incluido diversas personas en ella, como el joven Rolling que había encontrado amor junto a Heidi, después de todo lo que habían pasado juntos o el joven Richard que había conseguido según él olvidad a Merce y se encontraba sentado junto a Clair, una prometedora modelo que no dejaba de sonreír.
En cambio Paul vino solo, al igual que Michelle y George, que no sabíamos si ocultaba o no al amor de su vida.

B. Epstein: Como me alegro de compartir junto a ustedes otra cena más de navidad. – Dijo sonriente presidiendo la otra parte de la mesa.

John: En verdad te invitamos por despecho. – Arqueó una ceja.

B. Epstein: Que agradable es escucharlo. – Murmuró.

Tu: No hagas caso Brian. – Sonreí – Nos encanta que nos acompañes.

George: Habla por ti. – Rió.

Ringo: Nos encanta Brian. – Asintió.

Paul: Serás pelota. – Le dio un codazo.

Ringo: ¡Ay! Paul. – Miró de reojo.

Saqué la cena acompañada de Heidi, que no paraba de preguntarme que era aquello tan interesante que iba a anunciar.

Heidi: ¿John te ha pedido matrimonio? – Preguntó asombrada.

Tu: No. – Reí – No es eso.

Heidi: ¿Entonces que es? – Volvió a preguntar.

Me sería difícil decirlo, debido a que ella podría sentirme no del todo bien con el anuncio. Pero sabía que en el fondo se alegraría como todos, o por lo menos la mayoría.

Heidi: Va, no seas mala. – Puso cara triste pero comenzó a reír cuando negué con la cabeza.

Sacamos la cena y ocupamos cada uno nuestros respectivos sitios.

Ringo: Que hambre tengo. – Rió – Todo parece delicioso, como se nota que está preparado por una señorita de Liverpool.

John: ¡Eh! Yo también ayude. – Alzó la mano.

Paul: Dime en que ayudaste John. – Dijo – Así no probaré lo que preparaste tú.

Todos comenzaron a reír y John observó con una fría mirada a cada persona que lo estaba haciendo.

John: Allá ustedes. – Murmuró – Todo será para mí.

George: Bueno ¿Y que era eso tan importante que nos teníais que decir? – Preguntó dejando los cubiertos.

John: ¡Ah! Si. – Asintió sonriente y me observó.

Tu: Estoy embarazada. – Dije sonriente.

Un asombró se extendió por la estancia, incorporando una tos que provenía del chico de Liverpool con el que había perdido toda la confianza.

Heidi: No sabéis cuanto me alegro. – Abrió sus brazos y me abrazó – Estoy ilusionada.

Michelle: Es una gran alegría. – Sonrió.

George: ¡Vaya! – Asintió sonriente – No me lo esperaba, pero me alegro por vosotros.

Paul seguía tosiendo.

Ringo: Paul, ¿Estás bien? – Preguntó riéndose.

Paul asintió y al final cesó de toser, aunque estaba completamente rojo, se levantó y estrechó la mano de John.

John: Creíamos que te ibas a morir. – Dijo riéndose.

Paul: Me he atragantado con algo. – Se tocó el pecho – Me alegro por la noticia, será un niño realmente querido por todos.

Tu: Gracias James. – Dije de corazón.

Volvió a su sitio y se sentó entrelazando los dedos de su mano.

George: ¿Te encuentras bien? – Preguntó poniendo la mano en su espalda.

Paul: Si, solo es que me he atragantado. – Dijo sonriente.

George: Ya. – Asintió, no del todo convencido.

B. Epstein: Bueno. – Suspiró – Que gran noticia.

George: Si. – Asintió – Espero que sea niña.

John: ¿Quieres convertirla en tu esposa? – Dijo seriamente.

George: ¿Y tenerte a ti como suegro? – Preguntó – Eso ni de broma.

John: ¿Entonces por que te gustaría que fuese una niña? – Preguntó arqueando las cejas.

George: Porque creo que no soportaría a otro como tu. – Rió y Ringo acompañó su risa.

John por el contrario lanzó una patata de su plato que cayó directa a la copa de George, a lo que este dejó de reírse y John comenzó a hacerlo.

Tu: John. – Me quejé- Deja de jugar con la comida.

Ringo: Ahora tendrá que educar a dos niños en vez de uno. – Murmuró.

Estuvimos pasando una buena noche, entre bromas y algún que otro comentario al respecto de la noticia. Aunque no todos parecían demostrar la misma felicidad, al finalizar la cena John salió fuera a fumar y Brian no dudó en acompañarle para dar consejos y su opinión al respecto.

En cambio Paul estuvo la mayor parte en silencio evitando conversar con Michelle, la que tampoco tenía mucha ilusión de hablar con Paul.

Liverpool; Invierno, Marzo 1966

Liverpool parecía tan silencioso el 18 de Marzo de 1966.

John: Vamos dentro. – Dijo poniendo las manos sobre mis hombros – Vas a coger frío aquí fuera.

Asentí y entré en casa junto a él, pero el panorama que había dentro hacía que estuviese peor así que hui por segunda vez hacía el jardín, donde John no dejó que estuviese sola.

John: Te he traído una chaqueta. – Le la puso por lo hombros.

Tu: Gracias. – Murmuré.

Ambos guardamos silencio otra vez, sin saber que decir ni que hacer en estos momentos.

John: Millie dice que comas algo. – Susurró.

Tu: Dile a mi madre que no tengo hambre. – Le expliqué – Que no voy a comer nada.

John: En tu estado creo…

Tu: John, ya basta. – Susurré negando con la cabeza.

John: Vale. – Asintió – Te dejaré sola si es lo que quieres.

Sin ni si quiera mirarle, supe que se había ido hacía dentro de la casa, y quedé sola bajo el cielo de nubes. Toqué mi vientre que durante estos cuatro meses había crecido y en mi mente llegaron pensamientos, de lo feliz que hubiera sido mi padre al conocerlo y de lo feliz que hubiera sido Stuart de conocer a su sobrino que llevaría su nombre.

London; Verano, Julio1966

Llegué a los estudios donde se encontraban grabando para entregar el diseño de portada para ‘Revolver’ que me había enviado Klaus Voormann hoy mismo.

Subí las escaleras lentamente debido al peso extra que cada vez llevaba más conmigo. Toqué con los nudillos la puerta y Brian me la abrió asombrándose y a la vez enfadándose de encontrarme allí.

B. Epstein: ¡Pero Charlotte! – Exclamó con enfado - ¿Qué haces aquí? Ya te expliqué que no quería verte por aquí estos últimos meses, que descansaras y que reposaras.

Tu: Vengo a traer el diseño de Klaus que acabo de recibir. – Le expliqué en la pequeña sala de grabación donde también se encontraba George Martin.

G. Martin: ¿Cómo llevas los últimos meses? – Preguntó interesado – John se enfadará como te vea por aquí.

Tu: Por eso él no sabrá nada. – Sonreí.

Pero la puerta se abrió dejando ver a los chicos entrar, para escuchar lo que habían grabado.

John: La parte final no se como habrá quedado. – Explicaba – Creo que nos fuimos del ritmo.

George: Creo que íbamos a destiempo. – Asintió.

John: ¿Charlie? – Preguntó - ¿Qué haces aquí?

Tu: Vine a traer unas cosas. – Le expliqué.

John: Pero las podría haber traído yo mañana. – Dijo molesto – Te deberías de haber quedado en casa, te lo dije.

Tu: Solo vine un momento. – Me excusé – Llevó dos semanas encerrada sin salir. Lo más interesante que me ha ocurrido fue cuando entró el pájaro por la ventana. No sabes lo aburrida que estoy.

John: Bueno. – Se encogió de hombros – Saldremos esta tarde a dar un paseo por allí.

Richard se acercó sonriente y me abrazó, para después tocar mi vientre con una sonrisa.

Ringo: Ahora no hace nada. – Susurró – Siempre que voy yo no hace nada.

John: Aún no ha nacido y ya sabe como fastidiar a su tío Ringo. – Comenzó a reír.

Ringo: Seguro que todos los días le hablas para que no se mueva cuando yo me acerque. – Frunció el ceño.

John: Todas las noches. – Asintió.

Ringo: ¡Ah! Se ha movido. – Sonrió.

Todos comenzamos a reír al ver la cara que acababa de poner Richard de felicidad.

B. Epstein: Venga chicos. – Chocó sus manos – Deben de seguir grabando.

Ringo: Que aguafiestas. – Murmuró.

John: Cerdo. – Susurró.

B. Epstein: Te he escuchado John. – Le advirtió.

Bajé las escaleras a la zona de grabación para despedirme de los chicos y marchar a casa.

George: ¿Cómo piensas volver a casa? – Preguntó cogiendo su guitarra.

John: ¿No habrás venido en coche no? – Arqueó las cejas.

Tu: Para regresar ahora cojo un taxi. – Sonreí - ¿Está bien?

John: ¿Viniste en coche? – Abrió los ojos como platos – Si, mejor coge un taxi. Luego llevaré yo el coche a casa. No tienes remedio.

Besó mis labios y me acompañó a la salida de los estudios.

London; Verano, Agosto 1966

Era 31 de Julio, los chicos habían venido directos de los estudios a casa para entretenerme un rato y habían traído a Heidi con ellos.

Ringo: ¡Vaya! – Se asombró y miró de arriba abajo.

Tu: Lo sé. – Asentí – Estoy enorme.

Ringo: Estás hermosa. – Sonrió.

Ringo: No intentes ser cortés. – Reí – Sé que estoy enorme.

John: Estás preciosa. – Besó mi cabeza.

Tu: ¿Qué tal el día en el estudio? – Dije sentándome en el sofá.

George: Cansado. – Se sentó a mi lado – Agotador.

John sacó té que había puesto a hervir hace poco tiempo yo, y sirvió diversas tazas.

John: ¿Tú quieres verdad Paul? – Le preguntó.

Paul: Claro.

John: Pues ves a echarte. – Sonrió y se sentó.

Tu: No seas mal educado John. – Me quejé – Sírvele o deja que lo haga yo.

John: No, tú no te muevas. – Me advirtió – Ya lo hago yo.

Los chicos comenzaron a charlar, mientras Heidi me explicaba que tal le iban las cosas en la nueva casa con Mick, decía que con las giras el tiempo para verle iba disminuyendo.

La escuchaba atentamente cuando noté un pequeño pinchazo en el vientre, pero no le di importancia debido a que estos días los sentía, pero nunca ocurría nada.

Heidi: ¿Te encuentras bien? – Me preguntó al ver la cara de dolor que ponía.

Tu: Si, si. – Asentí – Sigue.

Heidi: Bueno y la verdad es que cada gira que hace, se me hace más pesado el no estar con él. - Me explicaba cuando otro pinchazo hizo que pusiera la cara de dolor - ¿Charlotte? ¿Qué te ocurre?

Tu: ¡Ah! – Me quejé – Creo que he ya viene.

Los cuatro de Liverpool me miraron asombrados, y John dejó su taza encima de la mesa nervioso.

John: ¿Cómo que ya viene? – Preguntó lleno de pánico - ¿Ya? ¿Viene?

Paul: John, John. – Se levantó y la cogió de los hombros – Hay que llevarla al hospital. ¿Tienes las cosas preparadas?

John: Si, si. – Asintió nervioso – Están en el dormitorio, es una bolsa azul, dentro van todas las cosas y…

Paul: Escúchame. – Le cortó – Ves cógela, bájala. Yo la voy metiendo en el coche.

Heidi me sostenía de pie, John corrió escaleras arriba. Los dolores cada vez se iban volviendo más fuertes y yo no podía reprimir mis quejas.

George: Heidi sube y ayuda a John. – Dijo sosteniéndome en su lugar – Que no creo que sepa encontrar la bolsa.

Paul salió al jardín y fue poniendo el coche en marcha mientras andaba como podía junto a Richard y George.

Ringo: Vamos poco a poco Charlotte. – Dijo nervioso. – Respira hondo, en nada llegamos al hospital.

George: Ringo estás tu más nervioso que ella. – Arqueó las cejas – Cálmate un poco.

Ringo: Si, si. – Asintió respirando él más hondo que yo.

Aún así hice caso a lo que me acababa de decir, y mantenía mi respiración honda y calmada, lo más calmada que las contracciones me lo permitían.

John: ¡No sé donde está! – Gritó desde arriba.

Miré hacía atrás con preocupación.

George: Tranquila Charlotte. – Dijo haciendo que caminase – Heidi le ayudará a encontrarla.

Conseguimos llegar al coche antes de que John bajara con la bolsa de las escaleras, los dolores eran más fuertes y cada vez más largos e intensos.

Paul: ¿Dónde está John? – Preguntó sentado frente al volante.

George: Está arriba buscando el bolso con las cosas. – Le explicó.

Tu: ¡Llevarme al hospital! – Grité sin poder aguantar el dolor. – George sube y ayúdale.

George no negó y asintió, vi como corría hacía la puerta de casa para encontrar el maldito bolso, que a saber donde estaba ahora mismo.

Paul: Ringo me la voy a llevar. – Le explicó.

John: ¡Lo tengo! – Venía corriendo – Arranca Paul, arranca.

Paul: Ya era hora. – Murmuró.

John subió corriendo al coche justo a mi lado, y dejó el preciado bolso azul en el suelo. Creo que fue el camino más largo de toda mi vida, y el más sufrido, John no paraba de decirme que respirara calmadamente y lo más hondo que pudiese.
El coche iba a toda velocidad y el conductor no paraba de decir que ya quedaba poco para llegar que aguantase, pero era muy fácil decir todas aquellas cosas mientras tú no estás sintiendo el dolor.

London; Verano, Agosto 1966

Pase una larga noche en la habitación de un hospital, los doctores no paraban de entrar a observar en que estado estaba, John no se separó de mi en todo momento y sabía que fuera se encontraban los demás junto con Paul.
Fue una dura noche donde el dolor no cesó, pero supe que todo mereció la pena cuando por fin de madrugada el dolor había finalizado dejándome ver un pequeño bebé que sabía que era mío.

John: Es hermoso. – Murmuró mirándole desde mi lado.

Tu: Como tú. – Sonreí.

Unos pequeños golpes en la puerta vinieron acompañados por cuatro personas más.

Ringo: ¿Podemos entrar a verle? – Preguntó sonriente el de ojos azules.

John: Chicos, os presentamos a John Stewart Lennon. – Dijo sonriente.

Heidi: Oh… - Cruzó sus manos – Es realmente hermoso, es precioso.

Ringo: Se parece a Charlotte. – Sonrió.

George: Pues yo sinceramente no le veo ningún parecido a ninguno. – Se encogió de hombros. – Aún.

Paul: Es increíble que esto sea posible. – Sonrió dulcemente.

John: ¿El qué Paul? – Preguntó cogiéndole del hombro.

Paul: Él. – Sonrió mirando al pequeño. – Me alegro mucho por vosotros John.

John: Muchas gracias Paul. – Abrazó a su amigo.

3 de noviembre de 2012

41. In my life.


Hola a todas, bueno quería explicaros un poco los dos o tres siguientes capítulos que subiré, son flashbacks porque voy a saltar unos 3 años en la historia, así que pondré los hechos más importantes que pasarán. Ahora Charlie se encuentra en Hamburgo, y escribiré lo que ocurre para que se marche allí. Espero que os guste. 

Hamburgo; Invierno, Enero 1967.

Las cosas sinceramente se nos habían ido de las manos a todos. Estos tres últimos años nada había sido como todos habíamos estado esperando.

FLASHBACK

United States; Verano, Agosto 1964.

Paul: ¿De verdad vas a dejar que Merce se quede aquí? – Le preguntó girándose para ver su cara.

Ringo: Si. – Murmuró.

Bajé mi mirada y miré por la ventana del avión que nos llevaría a Atlantic City, para seguir con la gira.

Richard no recordaba nada de lo ocurrido aquella noche en Nueva York, así que no aceptaba los hechos que relataba Merce. Por lo que no actuó cuando lo tenía que haber hecho.

London; Invierno, Diciembre 1964

Habíamos pensado hacer una comida amigable en Navidad todos juntos, en nuestra casa de Weybridge.
Los invitados comenzaron a llegar, tanto Paul como Michelle, incluyendo a George Martin, Heidi y los demás chicos de Liverpool.

George: ¡Hey chicos! – Llamó nuestra atención – Heidi está queriendo hablar.

Heidi: Gracias George. – Le sonrió – Bueno, creo que ya es hora que todos conozcáis la noticia. – Comentó – Porque al fin y al cabo, la acabaréis conociendo de todos modos.

John: ¿Qué ocurre? – Me susurró.

Heidi: Estoy embarazada. – Dijo sin pelos en la lengua.

El silencio inundó la estancia, y todos nos miramos entre nosotros, exceptuándome a mi que observaba a Heidi con una pequeña sonrisa de consolación.

Ringo: ¿Enhorabuena? – Preguntó sonriente.

Heidi: Es de Mick. – Dijo asintiendo.

John: ¿Qué Mick? – Preguntó extrañado - ¿Jagger?

Heidi: Exacto. – Asintió.

John: Entonces al parecer lo vuestro era cierto. – Explicó.

Unos murmullos comenzaron a brotar entre las personas de la mesa.

John: ¿Crees que es lo mejor tenerlo? – Preguntó interesado.

Tu: ¡John! -. Me quejé.

Heidi: No, si tiene razón. – Expresó – Pero tras mucho pensar, es mi hijo y yo acepté acostarme con él, por lo que lo tendré y lo querré, porque es mío.

G. Martin: ¿Él sabe algo? – Preguntó bebiendo de su copa.

Heidi: Lo sabe. – Asintió – Y ha aceptado mi opinión.

B. Epstein: Es lo mejor que podría haber hecho. – Asimiló.


London; Invierno, Febrero 1965

Había acompañado, junto con Michelle, a Heidi al hospital debido a que nos habíamos llevado un susto nada más llegar a su casa. Ya que se encontraba con fuertes dolores y le costaba andar, nos temíamos lo peor, el doctor tardaba en salir de la consultaba y Michlle y yo nos desesperábamos.

Michelle: ¿Crees que…? – No pudo finalizar la pregunta.

Tu: No, no creo. – Negué rápidamente.

Nos giramos y nos topamos con Mick Jagger exhausto, que acababa de recibir nuestra noticia.

Mick: ¿Dónde está? – Preguntó - ¿Aún no han salido?

Tanto Michelle como yo negamos con la cabeza, y nos volvimos a sentar en los asientos.

Mick: Mirar, tal vez yo no tuviese previsto que esto ocurriera. – Comenzó a explicarnos – Pero ahora estoy ilusionado, y como ocurra algo a…

No pudo acabar de explicarnos como se sentía, porque el doctor acababa de salir para informarnos.

Mick: ¿Cómo se encuentra? – Preguntó impulsivamente.

Dr. Evans: Siento comunicarle, que no hemos podido hacer nada por el bebé. – Lamentó – Si desean pasar a verla, pueden pasar de uno en uno.

Mick: ¿Cómo? – Preguntó sin asumirlo - ¿Cómo es eso? No puede ser.

Tu: Mick… - Intenté detenerle, debido que iba detrás del doctor.

Mick: No puede ser. – Murmuró.

Alpes; Invierno, 1965


Me encontraba con los chicos y Michelle en los Alpes Austríacos, mientras estaban en la grabación de ‘Help’.
Todos habían trabajado muy duro, por lo que ahora teníamos un tiempo de descanso, que lo aprovecharíamos para salir a esquiar.

John: Con esos esquí estás más gracioso Ringo. – Rió señalándole.

Ringo: Al menos yo no me he caído diez veces al intentar moverme. – Se burló.

John: Ya verás cuando te pille enano. – Musitó.

Nos encontrábamos en un círculo cuando de repente escuchamos discutir a Paul y Michelle.

Paul: Michelle, por favor. – Murmuró.

Michelle: ¡No, Paul! – Gritó – Estoy harta, cansada de todos lo rumores. ¿Cómo quieres tener una relación normal así?

Paul: Que yo no se nada de esto. – Le explicó – No se nada.

Michelle: ¿Entonces a que vienen tantos rumores? – Preguntó con enfado.

Paul: No tengo ni idea Michelle, pero confía en mí. – Susurró apenado.

Michelle: Eso me lo has dicho tantas veces. – Murmuró con tristeza.

La relación de Paul y Michelle cada vez se volvía más intensa, que simplemente estaba sujeta por un hilo.

London; Otoño, Noviembre1965.

Anoche había dormido en nuestra casa Michelle, al parecer se encontró una lamentable sorpresa al llegar anoche a la casa que compartía con Paul.

Y él con otra mujer, no había hablado con James durante toda la mañana que llevaba en el estudio, hasta que al final llegó el momento.

Paul: ¿Puedo hablar contigo un segundo? – Me preguntó.

Tu: Empieza. – Dije.

Paul: Pues verás…

Tu: Tarde. – Le corté, levantándome y dirigiéndome hacía otro lado. – El segundo ya pasó James.

Paul: Charlotte, por favor. – Me retuvo del brazo – Por favor.

Tu: ¿Qué sucede? – Pregunté a desgana – Lo sé todo, he tenido a Michelle toda la noche llorando junto a mi, así que no sé que excusa me pondrás.

Paul: Vale, tienes toda la razón en lo que me vayas a decir. – Asintió – No tengo excusa, lo admito.

Tu: No entiendo una cosa. – Intervine – Si, las cosas no iban bien porque no dejarlo claro. ¿Por qué tiene que llegar ella a su casa, y encontrarte a ti con otra mujer?

Paul: No lo sé. – Murmuró.

Tu: ¿Ahora te das cuenta? – Le pregunté.

Paul: ¿De qué? – Preguntó cabizbajo.

Tu: De que eres un mujeriego. – Dije directamente – Y hace unos días le dedicaste una canción a ella. ¿O no recuerdas?

Marché sin que me pudiese responder.


London; Otoño, Noviembre1965.

Observaba mi cara al espejo. Miraba el color otra vez. Volví a mirarme al espejo. Recordaba de que color era. Me siento en una silla. Vuelvo a mirar de que color es y recuerdo lo que significa.

Escuché como se habría la puerta de entrada y miré la hora, justamente a la misma hora llegaba John para cenar. Dejé todo lo que tenía en las manos encima de la mesa y bajé al salón donde acababa de dejar su abrigo.

John: ¿Dónde está mi bella dama? – Chilló - ¡Ah! Aquí está. ¿Qué tal la tarde?

Tu: Bien. – Asentí sonriendo forzosamente. - ¿Cenamos?

John: Espera un poco, cuéntame. – Me frenó dándome un beso en los labios - ¿Has hablado con Michelle?

Tu: Si.

John: ¿Cómo se encuentra? – Me preguntó.

Tu: Un poco mejor, poco a poco. – Le expliqué - ¿Cenamos?

John: ¿Por qué tanta prisa? – Preguntó extrañado, de mi comportamiento – Tengo que darme una ducha, y había pensado compartirla contigo.

Me giré y vi su amplia sonrisa acompañada de una pequeña risita.

Tu: No me encuentro del todo bien. – Dije tocando mi frente.

John: Esta bien. – Murmuró extrañado - ¿Quieres que te traiga algo? ¿O te ayude en algo?

Tu: No tranquilo. – Me giré con una sonrisa pequeña – Ves a ducharte, voy a preparar la mesa.

John: Como quieras. – Asintió.

John subió lentamente las escaleras, extrañado de la conversación y me dirigí a la cocina para preparar la mesa, cuando me acordé que había dejado las cosas a la vista.

Tu: ¡John! – Grité subiendo las escaleras - ¡John! Espera.

Llegué al piso de arriba, pero fue demasiado tarde, John salía de la habitación con la prueba de embarazo en la mano.
Tras ver su cara me asusté, tenía los ojos abiertos como platos y no le salía pronunciar ninguna palabra por la boca.

Tu: John. – Murmuré.

John: Eh… Esto, esto… - La miraba y me miraba – Esto es…

Tu: Creo que si. – Susurré.

John: ¿Voy a ser…? – No acabó la pregunta.

Tu: Si tu quieres. – Susurré.

Miré su cara y como observaba la prueba. Supuse que se habría llevado una gran sorpresa, pero no sabía de que tipo era.
Hasta que vi como una pequeña sonrisa se iluminaba en su cara y luego comenzó a reírse y asentir con la cara.

John: ¡Quiero! – Rió y me abrazó – Claro que quiero. Aunque esto me ha venido de sorpresa, nosotros siempre vamos con precaución. Excepto… vale, ya recuerdo.
 
Estuvimos toda la noche hablando, durante la cena John quería organizar una comida para dar la noticia.

John: Haremos una comida. – Explicó – Y daremos la noticia, se llevaran una gran sorpresa, pero se alegraran.

Y tras subir a descansar, John no dejó de hablar del tema durante la noche.

John: Si es niña se podría llamar Mary. – Asintió – O Charlotte, como tú. Es precioso ese nombre.

Miraba a John y podía ver su cara de felicidad, era una persona que le costaba expresar sus sentimientos, recuerdo cuando le conocí lo frío que me parecía. Pero al largo del tiempo poco a poco los fue expresando conmigo.

John: Y si es niño, me encantaría llamarlo Stuart. – Sonrió y depositó un beso en mi frente.

21 de octubre de 2012

40. Tonight.

HOLA A TODO EL MUNDO. BUENO ME GUSTARÍA PEDIROS UN PEQUEÑO FAVOR ANTES DE QUE COMENZASEIS A LEER. CONOZCO LAS VISITAS QUE SON HECHAS A MI BLOG, PERO REALMENTE NO CONOZCO A TODAS LAS PERSONAS QUE LO LEEN, POR LO QUE ME GUSTARÍA QUE AUNQUE SEA UN PEQUEÑO O MINI COMENTARIO PUSIERAIS EN FINAL DE ESTA ENTRADA. ME HARÍAIS MUY FELICES. Y AHORA DICHO ESTO, OS DEJO LEER ESTE CAPÍTULO. 


United States; Verano, Agosto 1964

Me encontraba en mitad del camerino donde los chicos se estaban preparando bajo un rotundo silencio que Brian rompió.
 
B. Epstein: Voy a ver como van las cosas y ahora vengo a avisaros. – Chocó sus manos.

Ninguno respondió a lo que acababa de decir Brian, y siguió presenciando la escena que estaba sucediendo.

Richard se acercó a Merce, ya que fue el único que no la había saludado nada más entrar. Posó su mano en su nuca con gesto nervioso y le ofreció la otra mano a Merce, para que se la estrechara.
Ella educadamente y con una pequeña sonrisa en la cara se la estrechó.

Ringo: Me alegro que estés bien. – Tartamudeó con nerviosismo.

Merce: Yo también que tú lo estés.

John se puso a mi lado y se acercó para susurrarme en el oído.

John: Y ahora se acercan y se besan. – Susurró.

Tu: Sh. – Le advertí.

Ringo: ¿El trabajo te va bien? – Preguntó.

Merce: Si, muy bien. – Asintió – Por lo que veo a ti también.

Ringo: Si, si. – Dijo rápidamente.

Otro silencio incómodo se produjo en la pequeña sala, pero Merce supo como salir de él.

Merce: Chicos, me gustaría comentarios algo. – Le dijo – Bueno no sé si lo sabréis, pero conocí a Bob Dylan y bueno, mantengo una pequeña amistad con él.

George: ¿Mantienes una pequeña amistad con Bob Dylan? – Preguntó interesado.

John: ¿Seguro que amistad? – Movió rápidamente las cejas.

Tu: ¡John! – Le pellizqué.

John: ¡Ay! – Gritó.

Merce: Bueno, a lo que iba. – Volvió a comenzar. – Él se entero que antes trabajaba muchos artículos con vosotros, y me propuso que si podía conseguirle una reunión con The Beatles cuando viniesen a Nueva York.

Paul: ¿Estás queriendo decir que si aceptamos tener una reunión con Bob Dylan? – Preguntó descruzando sus brazos.

John: ¡Por supuesto! – Saltó emocionado – Nos encantaría conocerle. ¿No?

George: A mi me parece estupendo. – Asintió sonriente - ¿Dónde sería?

Merce: Bueno, tendría que hablar con él esta noche, pero me imagino que en vuestro hotel se podría organizar. – Expuso.

Paul: Me parece bien. – Asintió - ¿Deberíamos comentárselo a Brian?

Merce: Ya se lo comento yo más tarde. – Se ofreció.

La puerta se abrió y por ella apareció Brian indicando que ya era hora de que fueran saliendo para el escenario.

John: ¿Hablaste con Heidi? – Me preguntó camino al escenario.

Tu: Si, hable con ella cuando llegué al hotel. – Le expliqué.

John: Perfecto. – Asintió dándome un beso rápido para después correr hacía el escenario.

Me dirigí con Merce hacía la zona donde teníamos reservados los asientos y así pudimos disfrutar de un concierto, en el cual se produjo algún altercado. Uno de ellos cuando una fan subió al escenario para abalanzarse sobre George Harrison, por lo que un par de  jefes de seguridad tuvieron que intervenir y el concierto continuó sin incidentes.

Me pude fijar como Merce observaba atentamente cada movimiento que hacían los chicos, en especial cada movimiento de Ringo. Sabía que había sido complicado para ella tener que entrar en aquel camerino donde se encontraban, pero eso sería un paso para superarlo aún más. O tal vez no.

Tras finalizar el concierto los chicos salieron casi corriendo del escenario para marcharse otra vez a su camerino, al cuál nos dirigíamos ahora nosotras.

John: ¿Qué os ha parecido? – Preguntó con los brazos abiertos.

Merce: Increíble. – Sonrió.

Tu: Espectacular. – Dije abrazándole.

John: ¿Habéis visto que encanto? – Dijo haciendo que me pusiera roja.

Ringo: ¿Os habéis fijado en la fan que no se despegaba de George? – Rió.

Paul: Podrías haber quedado con ella más tarde. – Asintió – Era guapa.

George: ¿Crees que era el momento más oportuno de quedar con ella? – Dijo molesto – Y luego dice que no es mujeriego.

Paul: No soy mujeriego. – Se quejó.

Ringo: Ya habéis vuelto a sacar el tema. – Suspiró – No lo eres Paul.

Merce: ¿Quién dice que lo seas? – Preguntó extrañada.

Paul: La encantadora señorita de John. – Me señaló.

Tu: A ver, tal vez me confundí de palabra. – Me excusé – Quise decir, muy amigable con mujeres. ¿No?

Paul: Déjalo, ya lo dijiste. – Alzó los brazos – No hay vuelta atrás. Eso hirió mi corazoncito.

Me acerqué a Paul con un gesto triste con el cuál, él no pudo evitar sonreír.

Tu: No quise herir tu corazoncito. – Le expliqué - ¿Me perdonarás?

Paul: Me lo tengo que pensar. – Dijo guardando su Hofner. – Eso me llevará tiempo, mucho tiempo. En el cuál tú deberás demostrarme que no querías herir mi corazoncito.

Tu: ¿Y como piensas que puedo demostrarte eso? – Pregunté interesada.

Paul: Tal vez demostrando que me tienes aprecio. – Sonrió.

Tu: Sabes que te tengo aprecio Paul. – Sonreí.

John: Yo también te tengo aprecio. – Intervino levantado la mano.

Paul: Ya lo sé John. – Rió.

Ringo: ¿Y a mi nadie me tiene aprecio? – Rió alzando la mano.

Aquella pregunta hizo que todas las miradas fueran a parar a Merce, que dejó el vaso de agua que estaba bebiendo y salió por la puerta con la escusa que tenia que hablar con Brian sobre lo de Bob.

Ringo: Gracias por traerla hoy. – Dijo con enfado - ¿Nadie podía habérmelo dicho? Me la he encontrado de sorpresa. No sé que tendréis en vuestras mentes, pero no quiero escuchar ningún comentario sobre ella estos días.

George: Tranquilo Ringo, no haremos ningún comentario sobre ella. – Le prometió.

John: Yo no prometo nada. – Se encogió de hombros – Tal vez se me pueda escapar alguno.

Ringo salió enfurecido de la pequeña habitación y se dirigió el primero para subir en los coches que nos esperaban a la salida.

John: Creo que estos dos días van a ser interesantes con estos dos. – Asintió - ¡Ah! Y con Bob Dylan, me gusta este triángulo amoroso.

Tu: John, ten tacto al tratar del tema. – Le pedí – Y más estando Richard y Merce delante. Que no ha sido fácil para ninguno de los dos.

John: Vale, bella dama. – Asintió con cansancio – Lo haré por usted.

Paul: ¿Esta noche salimos? – Preguntó subiendo al coche - ¡Ah! Por cierto, quería pediros perdón al interrumpir esta tarde en vuestro dormitorio.

Tu: No importa Paul. – Dije sonriente.

George: ¿Qué ha pasado esta tarde? – Preguntó interesado.

John: Paul, que es muy oportuno cuando quiere. – Le señaló con el dedo.

George rió y removió el pelo de Paul, a lo que él se quejó y se puso a peinarse otra vez.

Paul: ¿Entonces esta noche saldremos? – Volvió a insistir.

John: No querrás que te vuelva a pasar lo mismo que en el tour pasado. – Arqueó las cejas.

Paul no dijo nada, simplemente agachó la cabeza y miró por la ventana mientras se mordía las uñas.

Tu: John. – Susurré.

John: Disculpa Paul. -  Agachó la cabeza avergonzado – No quise decir eso.

Paul: Tranquilo John. – Esbozó una triste sonrisa – No importa.

John puso la mano en la hombro de Paul, como gesto de apoyo hacía él y este sonrió.

John: Yo no saldré esta noche. – Informó – Me quedaré en el hotel con Charlie.

George: Lo suponíamos. – Asintió.

Llegamos al hotel, donde Merce nos informó que esta noche sería la mejor para que los chicos pudiesen ver a Bob Dylan, en vez de mañana.

Por lo que aceptaron y marcharon a esperar al chico de Duluth, en la habitación de Paul.

B. Epstein: No tardará en llegar. - Dijo interesado.

Me encontraba sentada justo al lado de John en el sofá, el cuál tenía sus dedos entrelazados conmigo.

John: ¿Me das un beso? – Preguntó poniendo una mirada interesante.

Tu: Me lo tengo que pensar. – Susurré.

John: Que decepción que te lo tengas que pensar. – Murmuró.

Tu: Ya me lo he pensado. – Le dije.

John: ¿Y a que conclusión has llegado? – Preguntó arqueando las cejas.

Aquella pregunta se la respondí con el beso que me había pedido, un beso lento y fuera de miradas ajenas.

John: Me ha gustado a la conclusión que has llegado. – Sonrió.

Unos golpes en la puerta hicieron llamar nuestra atención y nada más abrirla el chico de Minnesota apareció con su pelo rizado y llevando unas gafas de sol. Sinceramente era atractivo, tal y como había comentado Merce.

Los chicos se acercaron a saludar, y me levanté detrás de John para saludarle educadamente.

Bob: Encantado John. – Le estrechó la mano mientras fumaba – Creo que ya iba siendo hora de que nos conociéramos.

John: Pienso lo igual. – Asintió.

Bob: ¿Esta preciosa chica es Charlotte? – Preguntó dándome dos besos – Había escuchado hablar de ti, pero nunca te habían descrito tan encantadora.

Tu: Gracias. – Me sonrojé tras cada una de sus palabras.

Vi como entraba Merce junto a Brian Epstein, y decidimos que sería mejor dejar a los cinco para que entablaran conversación tranquilamente.

Merce: ¿Qué te apetecería hacer? – Dijo sonriente – Tenemos todo Nueva York para nosotras solas.

B. Epstein: No regreses muy tarde Charlotte. – Avisó – E ir con cuidado por donde vais.

Merce: Tranquilo Brian. – Rió.

Salimos a la calle donde estaba el taxi que habíamos pedido, del cielo empezaron a caer pequeña gotas de lluvia, que nos podían estropear la noche. Pero Merce sabía que no.

Merce: Tranquila, esta lluvia no nos estropeará la noche. – Me dijo – Al 229 Este de la Calle 43, por favor.

Tu: ¿Dónde me llevas? – Pregunté con curiosidad, ya que me había hecho vestirme de gala completamente.

Merce: A una fiesta. – Sonrió.

El coche nos dejó justamente en la entrada al edificio donde trabajaba Merce, parejas vestidas de etiqueta iban entrando.

Merce: Gracias por traernos. – Le dijo - ¿Vamos?

Entré junto a Merce, era un edificio precioso, la fachada era blanca y se encontraba en una zona única de Nueva York.

Merce: Es una fiesta privada de la empresa. – Me susurró anda más entrar – Y tú eres mi acompañante.

Le sonreí y la seguí subiendo por el ascensor, me explicó que todos intentarían impresionar con sus anécdotas, pero que estuviera calmada, que seguro que tendríamos mejores.

Estuvimos charlando con compañeros de Merce, tomando champán y escuchando anécdotas de todo tipo aquella noche. Por fin supe como era una fiesta Neoyorkina.

La noche pasó rápida, y nos dimos cuenta que ya era de madrugada y que sería lo más aconsejable regresar al hotel.

Merce: ¿Cogemos un taxi? – Dijo saliendo del edificio.


-   ¿Le pido un taxi? – Preguntó el hombre encargado de la puerta.

Merce: Si, gracias. – Asintió.

El taxi no tardó en venir, mientras nos resguardábamos del increíble chaparrón que estaba cayendo por aquel entonces.

Tu: Lluvias de verano. – Dije quitándome el abrigo dentro del coche. - ¿Crees que habrán congeniado?

Merce: Creo que si. – Asintió – O por lo menos eso espero.

El taxista nos dejó justamente en la puerta del hotel, donde un encargado vino a rbirnos la puerta con un paraguas.

Tu: Gracias. – Sonreí – Será mejor que subamos cuanto antes y nos sequemos. ¿Subimos a mi habitación y ahora más tarde vamos a verlos?

Merce: Sí, así puedo secarme un poco. – Dijo subiendo en el ascensor – Tal vez se pregunten donde estamos.

Tu: No creo. – Negué – Tal vez se lo pregunte Brian, pero no los demás.

Comenzamos a reír a la vez que abría la puerta de mi habitación, pero unas risas nos hicieron dar cuenta que alguien salía de una habitación que no pertenecía a nadie.
Nos giramos y vimos salir a Bob y a los chicos de allí, mientras un par de policías vigilaban la salida de escalera.

Bob: ¡Vaya! – Exclamó – No sabíamos donde os habíais metido.

Merce: ¿Qué hacéis saliendo de ahí? – Preguntó extrañada.

John: Nos gustaba más esta otra habitación. – Rió a conjunto con Bob.

Tu: ¿Os encontráis bien? – Pregunté con los ojos entornados.

Ringo: Por supuesto que si. – Rió - ¿Por qué no nos íbamos a encontrar bien? Estoy feliz.

B. Epstein: ¿Os lo habéis pasado bien? – Preguntó sonriente - ¿Dónde habéis estado?

Tu: Merce me llevó a una fiesta de su empresa. – Le expliqué extrañada por sus comportamientos.

Bob: Suena realmente divertido. – Soltó a carcajada limpia.

John: Muy interesante. – Asintió sonriente.

Vi como Paul salía con una pequeña libretita y un lápiz en la mano, escribiendo concentrado algo en ella.

Merce: Yo creo que va siendo hora que me vaya a casa. – Murmuró - ¿Crees que estarás bien con ellos?

Tu: Creo que si. – Asentí desconfiada de mi respuesta.

Merce: Adiós chicos. – Se despidió con la mano – Mañana ya nos veremos.

John: ¡Adiós Merce! – Rió.

Bob: ¡Mañana te llamo! – Chilló.

Merce hizo un gesto con la mano de despedida otra vez, arqueé las cejas y vi sus caras sonrientes, excepto la de Ringo que echó a correr detrás de ella.

John: Oye Charlie…

Tu: No quiero saber nada. – Dije con enfado – Y hoy duermes con Paul.

Paul: ¿Duermes conmigo? – Preguntó sonriente, pero desconcertado.

Entré en la habitación y cerré de un portazo, no quería saber nada de lo que había pasado en esa habitación, y la verdad es que ya lo intuía.

Narra Merce

Bajé por el ascensor del hotel después de haber visto aquella situación en la que sabía perfectamente quién había sido el culpable, aunque todos tenían parte de la culpa por aceptar.

Con las manos en los bolsillos salí por la puerta del hotel cuando escuché como alguien gritaba mi nombre detrás de mi. Me giré y vi como Ringo corría hacía mi para alcanzarme.

Bajó el pequeño techado del Hotel, me quedé parada y extrañada esperando que me dijera que era lo que quería.

Yo: ¿Qué ocurre? – Pregunté desconcertada.

Ringo: No lo sé. – Dijo encogiéndose de hombros.

Yo: Me refiero que por qué me has seguido. – Le expliqué.

Ringo: No tengo ni idea. – Negó con la cabeza.

Miré hacía el cielo y vi que me iba mojando cada vez un poco más, al igual que él, las gotas caían sobre mi cara.

Yo: Bueno, yo será mejor que me vaya. – Dije caminando hacía un taxi.

Ringo: No, espera. – Cogió mi brazo.

Yo: ¿Por qué? – Pregunté – Si no sabes ni porque estás aquí. Y mira en que condiciones estás, mañana no recordarás nada.

Ringo pasó sus manos por la cara, llena de gotas de lluvia.

Ringo: Si he corrido detrás de ti es por algo. – Dijo serio.

Hubo un silencio entre los dos, donde solo se escuchaban los coches pasar y las gotas de lluvia chocar contra el suelo y el asfalto.

Ringo: ¿Tienes una relación con Bob? – Preguntó seriamente.

Yo: ¿A que viene ahora eso Richard? – Pregunté suspirando – Entra dentro y ves a descansar, será lo mejor.

Ringo: Responde a mi pregunta. – Zanjó.

Yo: No es una relación, digamos que tenemos algo, pero no es una relación seria. – Le expliqué tontamente, porque se le olvidaría mañana - ¿Algo más?

Ringo: Sí. – Asintió - ¿Le quieres?

Yo: Richard…

Ringo: Responde a mi pregunta. – Dijo molesto, pero con lágrimas en los ojos - ¿Le quieres?

Me quedé pensativa, y cerré los ojos con fuerza.

Yo: Creo que si. – Asentí.

Ringo: Eso es todo. – Murmuró cabizbajo.

Vi como se giraba y caminaba al hotel, yo me di la vuelta y busqué un taxi libre bajo la lluvia.

Ringo: ¡Bueno, no! – Gritó haciendo que me diese la vuelta – Eso no es todo. ¿Sabes que estuve ingresado en el hospital? Un mes después o semanas de que tú te marcharas. Estuve esperando una sola llamada, o a alguien diciendo que tú te habías preocupado por mi. Pero eso nunca me llegó.

Yo: Richard no tenía ni idea. – Murmuré con los ojos como platos – Te prometo que no tenía ni idea.

Ringo: ¡Porque no te interesaste por mi! – Chilló alzando los brazos – Si lo hubieras hecho no te hubieras ido de  Londres, y aún estarías allí.

Sabía que todo esto no me lo diría si estuviera sobrio, pero ya me estaba haciendo enfadar.

Yo: ¿Cómo? – Pregunté – Fuiste tú el que no quería saber nada más de mi, el que dijo que rehiciera mi vida, que él ya lo había hecho, que él ya había pasado página. ¿O no lo recuerdas?

Ringo: Y bien que a has rehecho con Bob Dylan. – Musitó con enfado.

Yo: ¿Entonces que es lo que te propones? – Pregunté de brazos cruzados, mientras resbalaban las gotas por mi cara.

Ringo: No lo sé. – Murmuró – Pero ahora mismo solo me propongo una cosa.

Me quedé parada observándole, pero antes que me diera cuenta estaba justo enfrente de mí cogiendo mi cara con sus manos y juntando sus labios con los míos por primera vez.
Un dulce y pequeño roce detrás de otro, iban creando el beso perfecto que tantas veces había soñado.
Cuando reaccioné llevé mis manos a su cara para no permitir que se separara de mí, y bajo la lluviosa noche de Agosto en Nueva York, nos dimos el primer beso.